número 14 | diciembre 2016
críticas
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Negro Animal Tristeza

Federico Aguilar (UNA/UNSAM)

 

Autoría: Anja Hilling

Elenco: Carlos Donigian, Esteban Lamarque, Pablo Martínez, Pablo Ezequiel Martínez, Yanina Martino, Jorgelina Pérez y Javier Torres Dowdall.

Diseño y realización de vestuario: María Emilia Serrano.

Diseño de escenografía: Magali Acha.

Diseño de luces: José Binetti.

Realización de escenografía: Jean PIerre Guevara.

Música original: Juan Pablo Martini.

Asistencia de dirección: Romina Tischelman.

Dirección y Puesta en escena: Carla Llopis.

 

La información que se le entregó a la prensa anticipaba:

Un grupo de tres parejas decide pasar un día al aire libre. Se conocen hace tiempo, no son amigos, se toleran. No obstante, predispuestos a un buen momento, paran en un bosque y preparan carne asada, entre comentarios sarcásticos y confesiones ocurrentes. Una sucesión de postales trágicas se despliega de inmediato. Un incendio, un grito, los cuerpos. Todo se vuelve tristeza negra, rastro de animalidad, ceguera inconsciente, fragmentos de las personas que eran en medio de los zumbidos de las criaturas del bosque.”

Negro, Animal Tristeza es uno de los muchos encuentros entre una dramaturgia de habla alemana y una dirección argentina. Con solo agitar un poco la memoria se nos presenta el ciclo Dramaturgias Cruzadas con obras como Perro Mujer Hombre de Sibylle Berg dirigida por Gonzalo Facundo López,  Esposas de dictadores I de René Pollesch con puesta en escena de Luciano Cáceres,  Hamlet está muerto. Sin fuerza de gravedad de Ewald Palmetshofer con dirección de Lisandro Rodríguez o El último fuego de Dea Loher dirigida por Ana Alvarado. Según Hartmut Becher, representante de la mayoría de las obras en lengua alemana son “más de cuarenta autores en los últimos años”. Actualmente en cartel podemos encontrar Noche árabe de Roland Schimmelpfennig con puesta en escena de Ginna Álvarez y Pieza Plástica de Marius von Mayenburg dirigida por Luciano Cáceres.

El texto de Hilling con dirección de Carla Llopis pertenece entonces a una larga tradición de obras en lengua alemana dirigidas por argentinos, en las que el Instituto Goethe y Hartmut Becher -también ex director del Instituto- tuvieron mucho que ver.

Negro Animal Tristeza comienza con los actores diciendo algunos textos que nos ubican en la situación dramática, pero sus cuerpos en sintonía con las notas del pianista en escena, llevan a cabo un movimiento coral que nos deja ver algo de su tono trágico. Los personajes van al bosque pero también hacia su destino. Luego la puesta va a parecer encauzarse en un registro más “realista”, esa extrañada primera escena va a aparentar convertirse en “una historia con pies y cabeza”[1].

Las acciones se alejan de aquella primera escisión que mantenían con el texto y podemos creer que el relato va a conducirnos principalmente desde su intriga. Sin embargo el fundamental giro que se va a dar en la historia, también lo hará en lo estético. Como la sinopsis lo señala, hay un incendio que hace cambiar drásticamente el curso de los hechos. Podemos pensar que los diferentes códigos teatrales  también son alcanzados por el fuego que arrasa con aquel bosque donde los personajes disfrutaban un tiempo de ocio. Lo banal se vuelve trágico, se recupera la impronta de aquella primera imagen con la que empezó la obra, pero esta vez para insistir todo el tiempo. Es aquí donde la trama empieza a cobrar otro tono también en lo lingüístico, el incendio se expande poéticamente, dilatando ese momento en un trascurrir de imágenes cargadas de una terrible belleza. El mundo que parecía organizado y cohesionado a través de las máscaras culturales de los personajes se rompe en pedazos, el fuego lo destroza todo y la puesta se hace cargo de esto. Todo se vuelve fragmentado y escindido, a veces roto, de manera análoga a los personajes sobrevivientes que intentan “rearmarse” después de la tragedia. La danza, la escenografía, la iluminación y la música se jerarquizan de tal modo que compiten con el texto, hasta podríamos categorizar a esta propuesta como posdramática en este sentido. Los actores logran sostener con organicidad los diferentes registros por los que transitan. Tanto la puesta como el texto dan lugar a lo poético cuando lo referencial se vuelve insuficiente.

Ya en el final vemos una instalación artística, realizada por uno de los personajes, donde resaltan principalmente los cuerpos de los actores, vulnerables ante el poder de la naturaleza. Este final se muestra como un juego de cajas chinas, como una obra de arte que sale de otra obra de arte, pero que si toma un movimiento inverso, nos habla, quizás de parte de la historia del arte, luchando por representar la tragedia, el dolor agudo de lo irrepresentable.

Negro Animal Tristeza aporta un texto de una sólida construcción dramática pero también con una  refinada narrativa-poética, en una puesta que lo atraviesa con precisión desde múltiples lenguajes haciendo crecer sus posibilidades expresivas sin atentar contra la historia. Conmueve por su historia, deslumbra por su poesía y atrapa por su puesta.