número 14 | diciembre 2016
reseñas
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José A. Sánchez.  Etica y representación. México, Paso de Gato, 2016, 367 páginas

Julia Elena Sagaseta (UNA)

 

Con una frondosa y siempre enriquecedora producción, José A. Sánchez presenta un libro distinto en el tema y sobre todo en el armado.  El texto aparece como un rizoma, se puede entrar por cualquier parte y esa lleva a otras, distintas líneas de fuga desterritorializan y territorializan.  Al principio, después del índice, Sánchez pone una Nota que prepara al lector: “Este libro puede ser leído linealmente, en el orden propuesto por el autor, o en cualquier orden elegido por quien lo lea. Al final de cada capítulo se sugieren algunas alternativas de lectura en función de continuidades temáticas o contrastes discursivos. Probablemente, durante el recorrido de lectura podrán encontrarse otras muchas posibilidades”.

Hacer la reseña de un libro así plantea problemas. ¿Cómo realizarla? ¿No es lo más lógico seguir la propuesta del autor también en este caso?

Podríamos empezar por decir que hay una serie de autores que atraen a Sánchez y que vuelve muchas veces a ellos: Angélica Lidell, Albertina Carri, Rabih Mroué, Mapa Teatro, Yuyachkani, Kiarostami, Eduardo Pavlovsky, Pedro Lemebel, Bioy Casares, Bolaño. Teatro, cine, performance, literatura. Para Sánchez no existen los límites entre los géneros artísticos. Un tema se puede mirar desde muchos lugares. La violencia aparece en varias obras de Angélica Lidell, en Los rubios de Albertina Carri, en Garage Olimpo de Marco Bechis, en 2666 de Roberto Bolaño y en las obras de Mapa Teatro.

Pone a dialogar obras y autores: Angélica Lidell y Bolaño sobre Ciudad Juárez; la ética del cuerpo en Pavlovsky y el cuerpo poético en Pedro Lemebel y esos cuerpos relacionados con “poner el cuerpo” para que aparezcan las Madres de Mayo o el cuerpo expuesto de Artaud.

Ni límites de géneros ni límites geográficos. Sí podemos decir que está España con Angélica Lidell, Latinoamérica con tantos autores y el Cercano Oriente con los artistas libaneses Rabih Mroué y Lina Saneh. No el centro político ni cultural.

Se pueden seguir también las temáticas y los tratamientos teóricos como el concepto de representación. Desde un ángulo filosófico analiza formas de representación y luego las aplica al análisis de una película de Renoir, La carroza de oro. Para la representación de la subalterna va a tomar dos películas de la directora peruana Claudia Llosa y obras de Yuyachkani.  

El concepto de ética y su relación con la práctica artística allí va a estar en una de las varias menciones a Rabih Mroué, el cineasta, actor y artista visual libanés. La teatralidad y la representación como medio de acción política vinculando ésta con el compromiso ético, aquí la mención será con la obra de Angélica Lidell, Mroué, Kiarostami, Mapa Teatro.

Otro tema teórico está dedicado a los dispositivos de la representación. Muchos de los artistas estudiados realizan dispositivos más que representaciones. Así Mapa Teatro, Albertina Carri, Angélica Lidell: “Que su piezas escénicas puedan funcionar sin actores, bien porque se conviertan en instalaciones bien porque sean concebidas en ausencia de intérpretes es un indicio de que pueden ser mejor descriptas como dispositivo que como representaciones” Para Sánchez este  arte de los dispositivos conduce a nuevos modos de teatralidad donde la representación no queda anulada pero sí desplazada.

En la última parte dedica varios capítulos a Mapa Teatro. Sus obras integran música, video instalación, video documental. Siempre con una carga poética que impide calificarlas solo como teatro documental.

Un libro para pensar de otra manera, muy enriquecedora, el acercamiento al arte representacional contemporáneo.